El frío enfría, no resfría
El frío enfría, no resfría. Sin embargo, mucha gente cree que una corriente de aire frío le puede provocar un catarro. La reacción «lógica» suele ser no ventilar las estancias por miedo a enfermar, justo lo contrario a lo que deberíamos hacer.
Vamos a intentar explicar esta contradicción a la luz de la ciencia y la inmunidad.
¿Qué causa realmente un resfriado o una gripe?
El resfriado, la gripe y otras afecciones respiratorias se deben estrictamente a una infección vírica o bacteriana:
- Resfriado común: Causado por más de 200 virus diferentes (rinovirus, adenovirus, virus parainfluenza, entre otros).
- Gripe: Provocada por los virus de la gripe A o B. La gripe no es un resfriado. Es una infección sistémica (afecta a todo el organismo), suele ser más grave, provoca dolores musculares, cefaleas y fiebre alta.
- Infecciones bacterianas: Bacterias como Haemophilus influenzae, Streptococcus pneumoniae o Mycoplasma pneumoniae también pueden provocar afecciones respiratorias o neumonía.
Casi todos los virus respiratorios tienen ARN como material genético, lo que les otorga una alta variabilidad y capacidad de mutación en sus proteínas víricas. Esto dificulta que nuestro sistema inmunitario consiga una inmunidad definitiva o que se desarrollen vacunas únicas y eficaces frente a cientos de agentes infecciosos y sus variantes.
¿Por qué estornudamos o nos gotea la nariz con el frío?
El frío desencadena respuestas fisiológicas que imitan los síntomas de un resfriado, pero sin que exista una infección activa: 
- El nervio trigémino: Es el responsable de la sensibilidad de la cara y del interior de los conductos nasales. Cambios bruscos de temperatura (como una corriente de aire o el aire acondicionado) estimulan este nervio desencadenando estornudos reflejos, los cuales cesan en cuanto desaparece el estímulo.
- Vasodilatación e hipersecrección: Para calentar el aire exterior antes de que entre a los pulmones y proteger el epitelio interno, los vasos sanguíneos nasales se dilatan y aumenta la producción de mucosa.
- Escalofríos y congestión: Respuestas automáticas para regular la temperatura corporal (el frío por sí solo no provoca tos ni dificultad respiratoria, síntomas que sí indican infección).
¿Cómo influye el frío en los contagios?
Si no hay infección, el frío no causa el resfriado. No obstante, el frío influye indirectamente en la propagación de los patógenos:
- Espacios cerrados y mal ventilados: Es la causa principal. Al protegernos del frío nos encerramos, permitiendo que los aerosoles portadores de virus se acumulen y pasen fácilmente de una persona a otra.
- Respuesta inmune local: El enfriamiento de las células de las fosas nasales reduce temporalmente la eficacia de anticuerpos de la mucosa como la IgA.
- Estabilidad del virus: Algunos virus, como el de la gripe, se propagan mejor y son más estables en ambientes de baja temperatura y baja humedad.
El lado positivo: Frío controlable, sol y hormesis
No todo el impacto del frío es negativo. La ciencia demuestra que la exposición breve y controlada al frío (de 5 a 10 minutos al día), combinada con la luz solar invernal, estimula el organismo a través de un fenómeno conocido como hormesis:
- Efecto hormético: Estrés térmico agudo que estimula la producción de glóbulos blancos, células Natural Killer (NK) y citoquinas antiinflamatorias.
- Luz solar y fotobiomodulación: La radiación solar matutina sintetiza Vitamina D, regula el ritmo circadiano (reduciendo el cortisol crónico) y mejora la función mitocondrial de las defensas.
La pieza fundamental: Tu microbiota e inmunidad intestinal
Enfrentarse a un enfriamiento o a la exposición a virus y bacterias no produce el mismo efecto en todas las personas. La diferencia entre pasar por un estornudo puntual o caer en cama reside en la fortaleza de tu sistema inmunitario, y este depende directamente de tu salud intestinal.
- El eje Intestino-Pulmón: Entre el 70% y el 80% de las células inmunitarias residen en la mucosa intestinal. Una microbiota equilibrada produce metabolitos (como los ácidos grasos de cadena corta) que modulan la inflamación y entrenan a la respuesta inmune respiratoria.
- IgA y protección local: Un intestino saludable garantiza la correcta producción y secreción de Inmunoglobulina A (IgA) en las mucosas nasales, deteniendo a los patógenos en la puerta de entrada.
- Estado de la microbiota: Ante una disbiosis o permeabilidad intestinal, el cuerpo se sitúa en una inflamación crónica de bajo grado, dejando al sistema inmunitario debilitado para responder con eficacia.
Conclusión: El terreno lo es todo
Durante décadas se ha señalado al frío o a las corrientes de aire como los culpables directos de las enfermedades invernales. Sin embargo, la salud integrativa nos recuerda que la clave principal reside en la fortaleza interna del organismo.
Como bien afirmaba el célebre fisiólogo Claude Bernard:
«El microbio no es nada, el terreno lo es todo.»
Cuidar tu alimentación, proteger tu microbiota intestinal, exponerte con moderación al sol y ventilar a diario los espacios cerrados siguen siendo las herramientas más efectivas para mantener un terreno fuerte y prevenir las infecciones respiratorias.